"Mientras, todo se degrada" por Sergio Valencia Salazar

By NM

23/04/2026

“La imagen pobre ya no trata de la cosa real [...] trata de sus propias condiciones reales de existencia: la circulación en enjambre, la dispersión digital, las temporalidades fracturadas y flexibles. Trata del desafío y de la apropiación tanto como del conformismo y de la explotación”

HITO STEYERL

En exposición en Houseguest

Una ruina no siempre es evidencia de fracaso; su destrucción puede servir como punto de partida para el relato de otras historias. Indagar en lo que hubo antes y después del colapso nos permitiría identificar, por ejemplo, por qué suele otorgarse el título de «patrimonio» a un conjunto de materiales derrumbados. Si bien el valor patrimonial de los escombros es equivalente a la importancia de la estructura original —ya sea por funcionalidad o simbolismo en el pasado—, la potencia de la ruina yace en la capacidad de seguir narrando hacia el futuro, incluso por encima de su condición vulnerable.

Desde hace varios años, Sergio Valencia Salazar se ha interesado por crear relatos visuales desde esta mirada. La producción gráfica del artista retrata la complejidad material, planteando imágenes donde la arquitectura y la historia asumen el protagonismo. Esta propuesta, que transita entre el grabado, la pintura, el muralismo y el cómic, se alimenta por una obsesión en los modos en que el tiempo y el poder moldean nuestra relación con el espacio físico.

Sin Título, 2026
En exposición en Houseguest

Dentro de su universo, las narraciones vienen dadas por la corporalidad de edificios, monumentos, sitios arqueológicos y la propia urbanidad. A partir de estos lugares, presta atención al modo en que las estructuras resisten, reimaginando los materiales que les dan forma e ironizando la carga de poder que les antecede. De esta cuenta, el ripio ha servido al artista como lienzo para retratar pequeñas escenas caricaturescas de obras públicas en Guatemala, reconocidas por sus fallos políticos. 

En otro de sus proyectos, Valencia Salazar replantea la credibilidad de las ruinas arqueológicas, mediante la alteración digital de un render con un glitch generado a propósito. El resultado fue trasladado a la pintura, con la que el artista corrompió la supuesta pureza de las estructuras originales. Desde entonces, y con el propósito de crear una ficción a partir de lo existente, se ha interesado por la búsqueda —o la provocación— de errores estéticos dentro de la materialidad.

El cauce creativo en la obra de Sergio sigue encontrando nuevos modos de vulnerar la imagen, ahora hacia el interior de los espacios físicos. Para el conjunto de pinturas Mientras, todo se degrada, el artista asume la finitud como condición irrenunciable de todo lo que vive. El motivo visual de la serie presenta un grupo de flores encontradas por el artista en salas de espera y otros espacios de tránsito; sitios donde el tiempo tiene la peculiaridad de diluirse y morir lentamente. 

Para la propuesta, Valencia Salazar explora la cuatricromía, una técnica de impresión basada en cuatro pigmentos básicos: cian, magenta, amarillo y negro. Estos suelen plasmarse capa sobre capa para formar un entramado de colores que se aproxima a la totalidad cromática de la imagen original. A diferencia del proceso industrial, en estas pinturas las tonalidades fueron creadas a mano, replicando la secuencia para emparejar las capas de color.

Esta técnica, empleada comúnmente en prensas rotativas para grandes tirajes de papel, es utilizada por el artista para crear un efecto visual análogo. Con este gesto, también plantea un diálogo entre el tiempo, la fatiga y el error. Allí, la degradación orgánica y la hiper-reproductividad se encuentran en una zona donde la vida y la ruina se tensan. De este modo, Valencia Salazar propone otra forma de patrimonio donde se encapsula la emocionalidad, recordándonos esa condición inevitable que es la muerte. 

La espera, representada en las flores que inevitablemente se marchitarán, insiste en que la extinción antecede siempre al futuro. Lejos de un fatalismo, estas imágenes proponen observar, poco a poco, los últimos suspiros de una vida, como quien ve con atención la demolición de un lugar significativo. Por último, esta experiencia se acerca a lo que Theodor Adorno planteó alguna vez en La actualidad de la filosofía. Allí, el autor planteaba que solo entre los vestigios y las ruinas existe la esperanza de encontrar una realidad más genuina, quizá más justa. 

Alejandro Ortiz López

En exposición en Houseguest
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Sin Título, 2026