Las palabras no me son suficientes por David Bianchi
By NM
16/03/2026

Para su primera exposición individual en Guatemala, el artista David Bianchi se acerca a las memorias de su tatarabuelo Max Wohlers, migrante originario de Hamburgo quien arribó a este país a finales del siglo XIX. El título de la muestra, surge de una frase traducida de la autobiografía de Wohlers, escrita por él mismo poco antes de fallecer, en la que narra algunos de los viajes y las excursiones que emprendió por la región norte de Guatemala. De forma particular, los escritos del migrante europeo dan cuenta del impacto que dejó en él la inmensidad del paisaje local.
Junto a las imágenes que marcaron al tatarabuelo de Bianchi, el artista también invoca en el proyecto al arqueólogo estadounidense Robert Burkitt, quien se estableció en el municipio de Senahú, Alta Verapaz, durante el mismo tiempo que lo hizo Wohlers. Por su parte, Burkitt realizó excavaciones en sitios arqueológicos de las Verapaces, así como una documentación extensa y detallada de objetos mayas encontrados en plantaciones de café y caña de azúcar.



Estos dos nombres encarnan otra perspectiva sobre la historia latinoamericana hacia finales del siglo XIX y principios del siglo XX. A través de ellos, se puede ubicar la representación de una oleada de colonos europeos que se dedicaron a la compra y a la industrialización de grandes extensiones de tierra, mayoritariamente bajo el sometimiento de comunidades indígenas para fines investigativos y “culturales”.
Estos proyectos, junto con la llegada de arqueólogos del Norte Global que excavaron y enviaron miles de objetos a museos e instituciones en Estados Unidos y Europa, dio como resultado despojos del patrimonio perteneciente a las comunidades originarias, así como también, despertó formas de resistencia por parte de ellas respecto a la distribución de sus tierras y el manejo de sus recursos naturales.
Décadas después de la huella extractivista que siguen dejando las invasiones foráneas en el territorio que hoy llamamos Guatemala, particularmente en las zonas norte del país, las obras de David Bianchi revelan una memoria a doble filo. Sus trazos —en grafito o sobre placas de aluminio— dan cuerpo a una serie de imágenes provenientes del archivo de Robert Burkitt, resguardadas por el Museo de la Universidad de Pennsylvania, así como varias fotografías de su archivo familiar. El conjunto de obras nos presenta un relato visual que parte de la ensoñación y la crudeza, para hacer una narración desde el afecto consanguíneo, pero también vinculado al peso histórico de las ambiciones neoliberales. Es a partir de ahí que Bianchi intenta responder: ¿Qué implica retratar un territorio que ha sido atravesado por eventos violentos, aún cuando ese retrato se hace desde el asombro genuino?


Entendiendo Guatemala como un lugar donde es urgente plantear interrogantes como esta, en especial dentro de las prácticas artísticas que tienden a la exotización, David repara que las historias familiares, más allá de ser elegidas, también se narran desde zonas grises. Las imágenes, en todo caso, ofrecen una oportunidad para identificar los matices contradictorios de esos relatos personales, invitando a imaginar —y a arriesgar— nuevas preguntas.
Alejandro Ortiz López

